sábado, 11 de octubre de 2014

El referéndum no es democrático. Cataluña y la voluntad popular

 «Nadie usurpará al pueblo su derecho a decidir». «El pueblo debe ser escuchado». «En una verdadera democracia es el pueblo el que decide».  Todas estas son afirmaciones que estamos escuchando últimamente muy a menudo. La principal razón esgrimida por los independentistas catalanes apela al esencialismo democrático: es el propio pueblo el que ha de decidir a qué Estado pertenecer. El debate, por tanto, se centra en el cuestionamiento de la democracia representativa frente a la opción de una democracia plebiscitaria. Y el referéndum es el mecanismo para oír la voz del pueblo. Un viejo debate en filosofía política que se ha resuelto normalmente a favor de reforzar los mecanismos de la representación o delegación del poder del ciudadano. Que nuestros dirigentes y sus estructuras partidistas hayan fracasado rotundamente en la gestión de lo público, no invalida el modelo, sino a sus ejecutantes. Pero en la crisis actual la desesperanza y falta de confianza en las clases dirigentes es tan alta que se demandan medidas extremas y entre otras quitarle poder a todo un cúmulo de instituciones sindicales, empresariales, financieras… sumidas en la corrupción y la impunidad. El problema es que el referéndum no es un instrumento democrático, sino una apariencia del mismo. Veamos algunas razones:

1. El referéndum se basa en la creencia de la existencia de una voluntad popular. Pero el hecho es que la voluntad social no existe como un modo unificado de pensamiento. A través de un referéndum es imposible determinar qué es lo que piensan los diversos y numerosos grupos sociales y las diferentes corrientes de opinión que existen en una sociedad tan compleja como la nuestra. Por eso existen los partidos políticos para expresar la diversidad de tendencias ideológicas de la ciudadanía. El principio de mayoría en que se fundamenta este instrumento pone en peligro los derechos de las minorías en que se basa la democracia. La voluntad popular es lo que ha votado la mitad más uno de la población. Un dato numérico sustituye a una red de pensamiento.

2. La voluntad popular es el resultado de unas circunstancias coyunturales. Hace cinco o seis años la voluntad popular en Cataluña no era independentista y en ese momento a nadie se le ocurrió que había que conocerla. ¿Cada cuánto tiempo hay que hacerlo? Si hoy se celebrara un referéndum es posible que el sí fuera mayoritario. Pero imaginemos que  una vez conseguida la independencia, Cataluña entrara en un proceso de recesión económica todavía más grave que el que padece (en realidad no hace falta imaginarlo, pues sería una realidad), ¿habría que convocar entonces un referéndum para conocer la voluntad catalana? ¿No vencería entonces la unión con España? (¿en la futura constitución catalana existiría un mecanismo jurídico para la secesión o la unión con otros territorios?). Los referéndums solo se convocan cuando interesa al que lo convoca, cuando el que lo convoca busca afirmar su ideario político. En la guerra de Irak pasó algo parecido. En el país más democrático del mundo, EEUU, no se convocó referéndum, aunque la opinión mayoritaria era favorable a la invasión, después de una campaña de manipulación pública, incluyendo mentiras sobre las armas de destrucción masiva iraquíes. El riesgo era excesivo. ¿Cuál hubiera sido el resultado después de una campaña electoral larga y costosa? En España tampoco se convocó un referéndum, pues la opinión pública era claramente mayoritaria en contra de la guerra, y Aznar nos metió en ella. No nos engañemos, el referéndum es un mecanismo más de control de la sociedad por parte de los partidos políticos. El referéndum se convoca cuando se sabe por las encuestas que la voluntad popular estará a favor del que la convoca, luego lo importante es el conocimiento de la opinión social en un momento dado, que se realiza a través de los medios demoscópicos adecuados. Y lo difícil es gestionar técnica y políticamente la complejidad de los intereses que conforman el juego social de fuerzas.

3. El referéndum obliga a opciones reduccionistas. El carácter dicotómico de la cuestión plebiscitada construye una polarización política simplificadora. Las sociedades son cada vez más complejas y sus gobernantes deben atender a todos los intereses en juego. Los referéndums son un mal procedimiento para la toma de decisiones. Las opciones que se ofrecen para su voto suelen ser simples y maniqueas, cuando lo lógico es tratar los problemas en toda su gama de matices. La secesión o la unión no son la manera de solucionar una situación de conflicto, salvo que se dirima una situación de opresión o de discriminación no solucionable de otra manera, que no es el caso.

4. El referéndum no resuelve el problema. Supone que la mitad más uno de la población de un territorio se impone sobre el resto. El paso de la voluntad individual a la voluntad mayoritaria se realiza a través de una simple cuantificación El complejo mundo de intereses en juego en toda sociedad no puede ser resuelto dando la razón a una simple mitad más uno de la población. Eso sí que es antidemocrático, no escuchar a las minorías, o no intentar satisfacer a la mayor cantidad posible de ciudadanos. Tanto si hubiera vencido el sí como el no, en Escocia lo único que se ha demostrado es que la sociedad está dividida. Si hubiera ganado el sí, en un futuro Estado independiente escocés existiría el mismo problema de división ciudadana. Y con el no pasa otro tanto. Ahora se solucionará políticamente cuando se piense en la convivencia de todos los escoceses y se les otorgue más autonomía y mejor financiación.

5. La voluntad popular también se equivoca. Partimos de una máxima económica: el cliente siempre tiene razón. Si cambiamos cliente por ciudadano, se ha hecho el milagro, aparece la democracia directa. Las condiciones de existencia del mercado se imponen y nos intentarán por todos los medios vender sus productos a costa de cualquier tipo de manipulación. En la democracia representativa es cierto que también se producen esos tejemanejes. Pero desde el momento en que el representante político se sitúa entre el ciudadano y los grupos de poder, tiene que jugar a dos manos y la acción de presión se compensa. En el referéndum todo se juega a convencer y generar una opinión pública favorable a una única solución posible.

6. La democracia plebiscitaria supone un caos convivencial, legal y económico. Si damos la palabra al pueblo, la inestabilidad política imposibilitaría la convivencia. Para seguir esa máxima plebiscitaria habría que consultar periódicamente sobre multitud de temas: pena de muerte, monarquía o república, aborto,… derechos fundamentales o política económica… Imaginemos que preguntamos todo esto cada cuatro años, al comienzo de cada legislatura, puesto que los políticos deberían gobernar de acuerdo con su resultado, e imaginemos que las contestaciones populares fueran cambiantes, ¿podría un Estado sobrevivir a semejante fluctuación? Por otro lado, la propaganda gubernamental y partidista funcionaría a toda máquina para cada plebiscito a través de sus medios propios o afines, emplearía todos los mecanismos de propaganda y manipulación posibles, de forma que el Estado estaría más en manos del marketing que de la política, más del sentimiento que de la razón. El sentimiento independentista es algo difuso y que llama más a votar en contra de algo que a favor de construir algo, sin meditar las consecuencias reales de esa decisión. La crisis económica, la crisis de los dos grandes partidos, la huida de la propia responsabilidad de la situación de Cataluña, la redistribución discriminatoria de la renta… aparecen de fondo del surgimiento del independentismo secesionista coyuntural actual, pero también podrían ser la excusa para cualquier otra forma de Estado, lo que supondría una opción menos peligrosa y costosa política y económicamente.

7. El referéndum se utiliza como una amenaza permanente, un hecho desestabilizador. Si un grupo político o social considera que no se han satisfecho sus reivindicaciones, simplemente amenaza con convocar un referéndum. En España ya tenemos dos. El de Canarias es además claramente manipulador, con una pregunta en la que se tiene que elegir o el petróleo o el medio ambiente.  Ahí es nada. Es imposible constituir un Estado de derecho bajo la amenaza constante de recurrir a la voluntad popular para conseguir por aclamación lo que no se ha conseguido por acuerdo político. Se utiliza esa supuesta voluntad como arma contra la legalidad. El referéndum podría convertirse en una herramienta de desestabilización permanente en manos de grupos de poder mediático asociados a poderes económicos y políticos.

8. Todo referéndum acaba siendo reducido por los votantes a dos cuestiones fundamentales. Una es ideológica y otra coyuntural. Cualquier cuestión que se plantee en el referéndum es entendida como, o bien un voto para apoyar a un partido político, o bien para castigar a otro (por ejemplo, el caso del brexit). Lo que a la mayoría de la gente le importa es que salga a flote su partido o su ideología, frente a qué es lo que concretamente se está preguntando. La pregunta es un test para evaluar a los partidos. Al mismo tiempo, es la coyuntura económico-social lo que se pone en juego en los referéndums. Cómo influirá el resultado en solucionar los problemas que existen en el momento de convocarse. Ambos aspectos aparecen inevitablemente en cualquier consulta de modo que casi lo menos importante es la pregunta en sí, sino las consecuencias que puede provocar en el equilibrio de partidos o en la mejora de la situación actual. Ambos aspectos desvirtúan la pregunta en sí y sus resultados.  

Por muy controvertido que parezca el referéndum no significa más poder para el pueblo. Por el contrario, la mejor solución consiste es de mejorar los mecanismos de la democracia representativa a través del control de los partidos políticos, de su financiación, de su estructura y toma de posición internas. Además es necesario disponer de una ley electoral que permita a las minorías alcanzar los parlamentos. Recuerdo un programa de televisión donde se entrevistaba a un parlamentario inglés que comentaba que acababa de llamarle al móvil un ciudadano, por lo que se había visto obligado a salir de una sesión del parlamento para atenderle. En España estamos a años luz de vivir en el escenario de una democracia representativa real y amplia, y ya nos estamos planteando sustituirla por una plebiscitaria. Como siempre, en los extremos.







domingo, 23 de marzo de 2014

Nuestro nacionalismo catalán

Vivimos en un país sin una estructura de Estado. Nuestro Estado se va construyendo permanentemente dependiendo de las necesidades políticas del gobierno de turno. Durante mucho tiempo hemos asistido al reparto competencial en función de la necesidad de mayorías parlamentarias en el Congreso del partido gobernante. No hay Estado concreto, sino una estructura administrativa y territorial que se autodefine sin limitación. Diputaciones, Ayuntamientos, Comunidades Autónomas, Estado central, entremezclan y duplican sus competencias sin que exista un orden ni una distribución efectiva y eficaz.

Y ahora nos encontramos con una autonomía que proclama un sentimiento de sedición. Los sentimientos nacionales surgen de coyunturas críticas que no se dan en este momento, al menos políticamente hablando, pero hay políticos que las magnifican o simplemente las crean, porque suele ser el mejor sitio para el victimismo y de ahí a la victoria electoral. La culpa la tiene siempre el Estado central: si fuéramos independientes nos situaríamos en nuestro lugar, en el lugar del progreso, dicen. Porque el nacionalismo victimizado cree que lo autóctono es el mejor de los lugares, y la creación de ese sentimiento como argumento político llama a la emocionalidad y no al pragmatismo. El problema consiste en dirimir si esa aspiración necesita un Estado para existir o bien puede hacerlo en el marco de otro Estado. El problema consiste no en cómo ser catalán sino en quién paga la factura de serlo y quién lo administra.

A ello hay que añadir otro espejismo: el derecho a decidir.  El derecho a decidir no es absoluto, no es un incondicional a disposición de cualquiera. Y menos en un mundo global, en el que, por cierto, aspiran a integrarse. Me gustaría que alguien convocara un referéndum para decidir si pagamos o no impuestos, si queremos república o monarquía, si la iglesia debe ser financiada, si debiera haber pena de muerte, si deberíamos tener ejército…, convertir el decidir en un derecho absoluto erigiría al ciudadano en el auténtico representante de sí mismo, anularía la representatividad delegada en la que se basa la democracia, y de paso, destruiría el Estado, que pasaría a ser el mero resultado de la estadística, de la mayoría. Un Estado no se basa en la capacidad de poder decidir cualquier cosa, sino en decidir cuándo y quién tiene la capacidad de preguntar al ciudadano sobre una cosa que tenga relevancia y permita la continuidad de unos valores no meramente coyunturales. El Estado es simplemente una frontera política que se ha generado a través de una historia y que ahora se autoconserva. Confundir mayoría aritmética, Estado y partidismo, y manejarlo a su antojo no es nacionalismo, sino patrioterismo, un chovinismo instrumentalizador que utiliza los sentimientos, el de pertenencia a una cultura de nacimiento y el de ser libre para decidir, para dirigirlos hacia un interés estatalizador localista. Esos sentimientos son el vehículo para generar otro Estado, que supone la solución a la otra estatalidad, la ajena. ¿El objetivo es generar Estados que coincidan con una cultura? ¿Lo catalán existe como cultura asociado a Cataluña? ¿Y el resto de territorios que hablamos catalán? Evidentemente lo que se intenta es generar un territorio autónomo que se autogobierne económica y políticamente y que la decisión sea únicamente tomada por los que se sienten víctimas. El problema es que en un Estado de autonomías, no es el centro el que reparte sino que ese reparto se decide en función de un sistema de fuerzas y presiones que circulan desde todas y cada una de las comunidades autónomas (las otras víctimas) hacia las demás y hacia el centro. Un Estado independiente en España se genera como «victimismo» de todas y cada una de las autonomías, y por tanto, deberíamos ser todos los ciudadanos los que decidiéramos si en la Constitución debiera existir un procedimiento para que cualquier comunidad autónoma se declarara independiente. Esto nos llevaría a considerar que el reparto territorial efectuado en la transición, con 17 comunidades cuya raíz histórica es absurda en muchos casos, es el acertado. ¿No tendría derecho a independizarse una Castilla unificada e histórica? El problema es que la transición sigue viva. Vivimos en el modelo que entre franquistas reconvertidos y demócratas temerosos pactaron para edificar el edificio social, territorial y político de este país.

El victimismo es uno de los elementos definidores del nacionalismo. Entre otras cosas porque así también se define en la Constitución donde las competencias las otorga el partido que gobierna en cada momento. Únicamente una Constitución no victimizadora podría cerrar la estructura del Estado. Un federalismo pactado y refrendado por todos los ciudadanos, ¿acabaría con el victimismo? Probablemente no, pero si hubiera sido pactada por todos los gobiernos autonómicos y partidos políticos impediría la independencia, y el victimismo sería exclusivamente económico, lo que es más fácil de solucionar.

En resumen, me he permitido una primera aproximación a este tema que nos seguirá ocupando durante mucho tiempo.

domingo, 23 de febrero de 2014

Poemario 11


Pasar la tarde

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Acontecer la boca en las dunas de poniente.

Una visualización de la causalidad de la mirada: la playa que regresa.

Y mientras tanto tengo que hacer algo con estos objetos y los objetos de la lengua.

Tomar al sujeto que habla y entregarlo a la función de la vida, sobre la toalla muerta, sobre la arena muerta.

El metalenguaje de mis manos toca el agua caliente y salada, se deja nombrar por la garganta, y el sabor expulsa el habla como vocabularios. Entonces, escribo sus historias.


Y paso la tarde en la rutina.









lunes, 6 de enero de 2014

La nueva ley del aborto

De nuevo, con la ley nacionalcatólica que el Partido Popular se ha sacado de la manga, volvemos a discutir sobre lo que debe ser y no debe ser el aborto. Sin entrar en consideraciones sociológicas podemos considerar que existen dos elementos fundamentales para poder legislar sobre el aborto: la existencia de una persona como sujeto de derecho y la libertad como mecanismo que posibilita el ejercicio de la racionalidad que constituye a la persona. Los hay que pensamos que el feto no es persona hasta en tanto no surjan sus órganos de intelección, y que por tanto hasta entonces es la mujer la que tiene el derecho a decidir sobre lo que no es un sujeto. Adjudicar al cigoto o al embrión la cualidad de persona requiere o bien un acto de fe, el alma es infundida en el momento de la concepción, o bien un reduccionismo extremo, ambos son equivalentes a la persona. Ese ADN específico no es más que un proyecto, algo que tiene que realizarse mediante el desarrollo embrionario. Puede que no llegue a ser nada (existen un 20% de probabilidades que acabe en aborto natural) o bien que llegue a ser algo que carezca de las mínimas condiciones de humanidad (un feto con malformaciones graves). Que pueda llegar a ser en potencia persona no justifica que deba ser sujeto de los derechos de toda persona, pues tendríamos que aplicarle la misma regla a un espermatozoide o a un óvulo por separado, y prohibir la contracepción para evitar un asesinato, pues ambos contienen nuestro ADN específico. Los que estamos a favor de una ley de plazos entendemos que el límite de 12 semanas establece la frontera entre el periodo de la organogénesis (periodo embrionario) y el periodo fetal. Este último sí que es protegible como sujeto de derecho. Toda persona se realiza en el individuo a través de su psique y es cuando esta comienza a interactuar con el medio cuando podemos hablar de persona. Esto mismo, acudiendo a conceptuaciones de tipo religioso, es lo que han sostenido durante siglos los defensores de la animación retardada, es decir, la Iglesia (ver las entradas relativas al aborto en este blog). El embrión es una entidad extrajurídica, pues no posee los elementos mínimos que definen a un ser humano, aunque tenga vida biológica. El considerarlo como algo en potencia no tiene sentido, pues lo que todavía no es, puede no llegar a ser, y la condicionalidad obligaría a que sus «derechos» también fueran condicionales, para lo que habría que reconocer la existencia de un sujeto de derechos al que aplicarle la condicionalidad. Es por ello que la condición de sujeto solo la posee en ese momento la mujer, que es la que debe decidir sobre su cuerpo, en ese momento indiferenciado.

domingo, 1 de diciembre de 2013

El apagón de la diferencia o de Canal Nou

Y ahora nos hemos quedado sin Canal Nou. Hacía mucho tiempo que no era nuestro. Yo confieso que apenas lo veía, todavía menos que el resto de la televisión. ¿Qué es lo que ha ido sucediendo todos estos años? El sectarismo informativo buscaba a un telespectador convencido, afiliado, un hombre de fe ciega en el argumentario del PP. Y los periodistas del Canal le pusieron voz e imagen. La carencia de programación en nuestro idioma convencía a aquellos que creían en un nacionalismo de fogueres, fallas, tracas y paellas. Y los programadores les dieron lo que querían. Se trataba de fomentar nuestro deporte. Y se convirtió en el escaparate exclusivo del Valencia club de fútbol (y de basket). Lo que más éxito tenía últimamente era un culebrón localista y popular ("La Alquería Blanca"), a base de una especie de valencianismo profundo y bastante rancio. Pero al menos estaba ahí. Porque lo importante de este Canal es que había creado una infraestructura para servir al poder, siempre que el poder lo utilizara con más inteligencia. Porque el verdadero problema del Nou era no solo la ineptitud del poder que lo utilizaba sino el clientelismo periodístico que se había apoderado de la esta televisión. Un poder que entendía que además de estar a su servicio la tv debía competir con el resto de canales nacionales, lo que nos lleva a preguntarnos qué es un canal autonómico y a quién sirve. A estos dirigentes ni siquiera le afectaba que las audiencias estuvieran en muchos programas al 3 o 4%. Debían pensar que mejor así. A ellos no les servía de mucho, pero a los demás (la oposición) tampoco. El sentido de un canal autonómico es ofrecer lo que los demás no hacen: un recorrido cultural, social e idiomático por un territorio, presentando lo que nos diferencia y lo que nos iguala a los demás. Por eso es necesario que existan diecisiete canales, y lo ideal sería que todos pudiéramos verlos desde cualquier punto de España. Españolizarnos y autonomizarnos a través de la tv. Un canal y una radio en cada autonomía serían suficientes, lo que garantízaría un gasto adecuado y un déficit asumible. Ya sé que todo esto es imposible en un Estado de taifas. Pero es lo que está sobre la mesa después del apagón de Canal Nou.

domingo, 18 de agosto de 2013

Santo Tomás de Aquino y el aborto como pecado grave

En esta nueva entrada abordo un nuevo autor en relación con la concepción del aborto. Con Santo Tomás de Aquino (1224-1274) se alcanza la fundamentación teórica del concepto de animación retardada más elaborada, dado que la sitúa en el marco de toda su exposición teológica de una forma perfectamente cohesionada y coherente. Y será el concepto que básicamente se mantendrá hasta el siglo XIX. Para entender su noción del aborto veamos en primer lugar cómo va delimitando lo que es el alma y sus diferentes funciones.

Santo Tomás toma las ideas de Aristóteles de potencia/acto y materia/forma1 , y en función de ellas va a construir su concepto del alma y de la persona- Veámoslo a través de su obra fundamental, la Suma Teológica. Existen dos tipos de forma o sustancia, la material y la espiritual. La primera es propia de los animales y de las cosas y no puede ser separada de su cuerpo, pues obra por sí misma. El alma de los animales irracionales depende del cuerpo totalmente y se corrompe y muere con él. En cambio el alma humana, es una forma espiritual, inmaterial e inmortal, por lo que puede existir independientemente de la materia, puede ser y obrar por sí misma. El alma es una forma que no depende de aquello de lo cual es forma, el cuerpo, y en este sentido, es subsistente. ¿Existir fuera del cuerpo es un estado más perfecto? Para el alma no. «Pues bien, es evidente que, en el orden natural, las almas humanas son las ínfimas entre las sustancias espirituales. La perfección del universo exigía que hubiera grados diversos en las cosas. Así pues, si Dios hubiera dotado a las almas humanas de la intelección propia de las sustancias separadas, su conocimiento no sería perfecto, sino general y confuso. Para que pudieran conocer con propiedad y perfección las cosas, han sido ordenadas naturalmente a unirse a los cuerpos, para que puedan tener un conocimiento adecuado de lo sensible» (Sum. Teol. I, q.89 a.1). Su propia naturaleza le hace unirse al cuerpo, ahora bien, por su carácter inmortal puede conocer fuera de la corporalidad («resulta claro que el estar unida con el cuerpo y entender por medio de imágenes es mejor para el alma. Si bien puede existir separada y tener otro modo distinto de conocer», Sum. Teol. I, q.89 a.1). La única forma que tiene el alma de conocer el mundo natural de modo perfecto es estando en un cuerpo individual, pues separadas de él no alcanza la certeza.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Poemario 10

Lo que sé decir

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Sé decir la apertura de la gárgola,

la boca fabulada de un horizonte,

el día que incluye su tránsito,

el mito y su fonetismo,

y todas las enumeraciones de las cosas que pueda simular aquí mismo.  

Pero qué voz se escucha cuando firmo esto mismo o

cuando propongo la noticia de mi nombre en esto mismo.

La materia y sus sujetos son

el espectador que me aplaude durante la única histórica duración de esto.


Es la felicidad del aire.









lunes, 24 de junio de 2013

Tertuliano y su visión del aborto

Dentro de esta pequeña historia del aborto (o del concepto de persona) por capítulos que estoy abordando en el blog, Tertuliano (ca. 160-ca. 230) para muchos «defensores de la vida», es uno de los primeros autores que adoptaron claramente una postura antiabortista. Dos de sus obras son las que centran el tema. El Apologético está fechado en el 197 y constituye uno de sus primeros escritos en el que sale en defensa de los cristianos. Por el contrario, el tratado de Acerca del alma corresponde a su periodo en el que se haya influenciado por el montanismo. La imagen deformada que ofrecen los antiabortistas procede de un texto del primer libro, que en realidad únicamente nos transmite una parte de su construcción sobre la vida humana y su origen.

El texto en cuestión aparece enmarcado en un pasaje en el que el autor se está defendiendo de la acusación del crimen ritual de infanticidio que los paganos esgrimían contra los cristianos. Para ello aporta diversos argumentos. Por un lado, desautoriza la forma en la que se ha propagado: «la fama sea el único testigo de los crímenes de los cristianos» (VII, 14), en ningún caso basado en hecho reales. Por otro lado, señala la contradicción que supondría con la doctrina cristiana, pues si los cristianos persiguen la vida eterna, ¿cómo es posible conseguirla con estos crímenes? (VIII, 4). Y por último, pretende demostrar que en realidad lo que se atribuye a los cristianos forma parte de las costumbres paganas (IX, 1). De esta forma, en África inmolaban niños a Saturno (IX, 2), lo que fue prohibido por los propios romanos, manteniéndose en secreto desde entonces. Expone cómo los mismos padres ofrecían de buen grado a sus hijos al sacrificio (IX, 4). Tertuliano afirma aquí que «es grande la distancia entre el parricidio y el homicidio (et tamen multum homicidio parricidium differt)» (IX, 4). A continuación cita sacrificios a dioses provenientes de homicidios: hombres adultos entre los galos a Mercurio (IX, 5), un condenado a las fieras a Júpiter (IX, 5), igualmente reprobables, aunque se justifiquen por razones religiosas o de justicia, pero «tratándose de un infanticidio, poco importa si se comete por un motivo religioso o por capricho», y a renglón seguido critica la práctica de la exposición de los recién nacidos que consistía en que si el padre no aceptaba al niño se le abandonaba («ahogarlos en el agua o abandonarlos al frío o al hambre y a los perros» IX, 7) . Lo que viene a decir Tertuliano es que el infanticidio es reprobable en todo caso, tanto en su aspecto ritual como familiar, por el hecho de que se ejecuta sobre un ser que no ha vivido, que no ha podido hacer mal a nadie (VIII, 2), mientras que el homicidio, aunque también censurable, se ejecuta sobre una persona madura, lo que viene a «atenuar» el daño.

Después del texto sobre el aborto Tertuliano continuará comparando las costumbres disolutas de los paganos frente a la de los cristianos. Aquellos practican el estupro, el incesto, el adulterio, mientras que no se dan entre estos, gracias «a una castidad sumamente vigilante, pronta y fiel» (IX, 19-20). Todo en parte causado porque los paganos no dan culto a dioses sino en realidad a hombres divinizados (XI, 14), y en función de ello castigan y repudian a los cristianos. Tertuliano presenta un resumen de la fe cristiana y su superioridad con respecto al resto de creencias existentes en el imperio romano, su Dios único está por encima de las otras formas divinas y las subsume a todas.

En este contexto comparativo y de exaltación cristiana presenta su postura sobre el aborto. Según Tertuliano los cristianos no solo defienden la vida de los nacidos sino que incluso la de los no nacidos. Lo que pretende es dejar muy claro que la exigencia moral del cristianismo es muy superior a la del paganismo y que además sostiene unos principios metafísicos que han de ser perfectamente coherentes con la conducta de cada uno de sus seguidores: «En cambio a nosotros nos está prohibido de una vez por todas el homicidio: no está permitido destruir a un no nacido mientras todavía la sangre se retira para formar un nuevo hombre . Es una anticipación de homicidio el impedir un nacimiento, y no hay diferencia entre arrebatar una vida nacida o impedir el nacimiento. Hombre es también el que va a serlo; también todo fruto está ya en la semilla (nobis vero semel homicidio interdicto etiam conceptum -contenido, feto, fruto- utero dum adhuc sanguis in hominem delibatur -disminuir,quitar-, dissolvere -disolver, separar- non licet. Homicidii festinatio est prohibere nasci, nec refert natam quis eripiat animam an nascentem disturbet. Homo est et qui est futurus; etiam fructus omnis iam in semine est) » (IX, 8).

Poemario 9

Una cuestión de ejemplo

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La delineación del ala que pasa permanentemente por mi biografía, es un ejemplo.

Inicia su sesión de vuelo cuando mis ojos ocurren. Continúa en las aceras y deja un testimonio mío, de actor, de diluvio, de conocimientos, en el sitio literal del asfalto.

El día vuela como interrogación. Es imposible ignorarlo. Y es la posibilidad de la pregunta lo único que se respira.

Desalojos de palabras, cada batir. Eliminaciones y retornos. Vibrar los diccionarios hasta su muerte y renacimiento.

Ese detallar el texto, plumas cobertoras, primarias, secundarias, terciarias, tejer el viaje, sentir el vuelo del nombre.


Es parte del mar y de las bandadas, es una migración diaria incontestada.




















domingo, 9 de junio de 2013

El estado de los pensionistas y el de los políticos. La reforma de las pensiones

Y ahora toca a las pensiones. Están preparando otra de sus grandes mentiras. Al parecer el sistema es insostenible. Lo llevo escuchando desde que tengo uso de razón, y sobre todo, coincidiendo con épocas de crisis, porque durante las de vacas gordas, cuando el pelotazo y la emigración masiva, había cotizantes de sobra. Es cierto que ahora disminuyen los activos y hay que pagar a más inactivos, pero la solución pasa por desvincular el pago de las pensiones con las cotizaciones. La solución es desvincular las pensiones de la caja de la Seguridad Social y llevarlas a la de los presupuestos generales y engordar estos con una reforma fiscal que haga pagar a los que más tienen (y de paso, no estaría mal que pensaran nuestros políticos en legislar para poder traernos el dinero de los paraísos fiscales). Por otro lado, manteniendo la separación actual de ambos presupuestos, se podría aumentar el fondo de reserva hasta pasar el momento de crisis. También nos quieren colar que ahora vivimos demasiado, que la edad media de vida es muy alta y que la diferencia entre esta y la de jubilación es excesiva. Lo que me pregunto es por qué hemos conseguido vivir tanto ¿no será porque nos jubilamos a los sesenta y cinco?, ¿no ocurrirá que jubilándonos a los setenta, que es a lo que vamos, llegaremos a bajar la esperanza de vida, porque después de toda una vida trabajando nuestro estado de salud será mucho peor? No hay nadie que me conteste cómo es posible que tantos sectores laborales puedan seguir siendo realmente productivos a partir de los sesenta y cinco años. ¿Es posible que un maestro de infantil con 25 niños de tres años en clase y con 65 años sea productivo?, ¿y con la clase llena con alumnos de 14 años? ¿Es posible que una dependienta de unos grandes almacenes o los trabajadores de la hostelería, que pasan ocho horas de pie, continúen haciéndolo con más de sesenta y cinco años?, ¿qué sucede con las fuerzas de seguridad, fuerzas armadas, bomberos… a esa edad?, ¿se puede estar trabajando a esas edades en el sector de la construcción?, ¿es conveniente que un conductor de autobuses, un taxista… continúe al volante a esas edades?